Las lágrimas se hicieron fuertes, los llantos quebraron mis reclamos, socavaron mis lamentos hasta el fondo de algún tú, reclamaron conjugar segundas personas en todas las formas verbales del tiempo presente, reclamaron no olvidar en el pasado el tiempo futuro, te amo, te extraño, te miro, te busco, te abrazo, besando, recordando, siendo feliz, haciendo feliz, viviré, soñaré, moriré a tu lado. Los recuerdos inundaron al secreto rincón de mi pensamiento que reservo para el presente, se colaron por los valles del futuro navegando en contracorriente. Las miradas se ocultaron, mientras esperaban que escuchara el reclamo de mi alma, pacientemente. Mi mano insegura duda al escribir; mi mirada rígida busca líneas ya escritas, por miedo a que se escriban nuevas sin coherencia. Escribiendo, adorando. Los sonidos de siempre abarcan el fondo del silencio, casi fundiéndose con él. La noche se cubre con pudor tras la cortina. Las letras se apiñan por miedo al borde de la hoja, igual que los recuerdos se apiñan por miedo a ser presente, o futuro. El lápiz corre tras el espacio vacío, como queriendo inundarlo por siempre; también yo he corrido por espacios vacíos queriendo inundarlos por siempre, solo que nunca llegué a inundarlos de forma tan definitiva, solo que nunca estuvieron realmente vacíos, solo estuvieron desconocidos. Recorrido, explorado. Seré. La hoja blanca pareciera también reclamarme por ignorar de forma caprichosa aquellas formas verbales que te incluyen de forma implícita, pide a gritos que te escriba, que te piense, que te ame, que te jure presentes infinitos que se extienden más allá de cualquier futuro, y en cierto modo le doy gusto, de alguna manera te pienso, te escribo, te amo de alguna manera secreta que solo tú y yo conocemos, pero que solo yo recuerdo. Tu ausencia, tu rostro, tu piel. No te escribiré sin un motivo, busquemos pues alguno. Se han acabado los futuros que me incluyen y te incluyen, se han perdido nuestros pasados remotos en algún pasado próximo, se fugan juntos entre cartas archivadas y olvidos finamente catalogados, que remite un olvidante a quien quiera leer sueños desconocidos. Las líneas se estrechan y aún no encuentro nuestro tiempo. Pensarte, olvidaré jamás. El infinitivo se ha ido, lo vi fugarse tras la esperanza, o alguna otra mentira bien contada. El gerundio se esconde tras el presente agotado, juntos se rinden. Se han acabado uno a uno los condicionales. Intentando. Busquemos pues espacio, ya que el tiempo es tan esquivo.
El aquí se niega, mientras no está el ahora. El allí se hace difuso, las referencias te incluyen, o incluyen a alguien más; y ni tú ni nadie acepta detenerse a esperarlo. El allá se hace lejano, juega a ser futuro, muere en el intento. Entregando, muriendo, deseando. Donde sea, parece aceptar ser cómplice de mis letras errantes, donde sea. Donde sea abrazo tu cuerpo frío, en cualquier lugar moriré por ti, he soñado tu sombra tras de mí, recordando tu calor, vivir entre tus sueños. El lenguaje se niega a cooperar, tendré que inventar verbos capaces de ignorar el tiempo, que apenas rocen el presente con mirada ausente. Los verbos son esquivos, tendré que usar otras palabras. La ausencia de tus besos, tras labios deseosos de otros labios, quebrantadores de pensamientos diferentes, lejanos de ti. Los sentidos exploradores de caminos cercanos a tu cuerpo, miradores de miradas, opresores de libertades ignorantes de ti. Los olvidos soñadores de tu cuerpo, disipadores de amaneceres, disipados por atardeceres, saboteadores de anocheceres, presencia inolvidable, recalcitrante y constante en luneceres. Mi presencia se hace infinita nuevamente. Olvidando, dormiré. Mi ausentología de ti se hace difusa. Mi ausentografía de ti pierde el rumbo, en especial upa, tras perfluye. La historia de tu ausencia culmina allí, donde lunó.
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